Un historiador de la UNAM explica el origen de la diferencia entre aztecas y mexicas y por qué el símbolo patrio solo representa a una parte de la historia indígena.
El águila sobre el nopal que aparece en la bandera, las monedas y el pasaporte mexicano remite a una alegoría que los mexicanos aprenden desde la infancia. Sin embargo, hay una imprecisión que se repite sin cuestionarse: el pueblo que fundó México-Tenochtitlan en 1325 no era el de los aztecas, sino el de los mexicas, y la diferencia no es menor.
Los aztecas eran los habitantes de un lugar mítico llamado Aztlán. Su nombre lo dice: “Los que vienen de Aztlán”. Según fuentes prehispánicas, en el año equivalente al 1064 una fracción de ese pueblo siguió el llamado del dios Huitzilopochtli, emprendió un largo peregrinaje y fundó México-Tenochtitlan en el lago de Texcoco.
Por qué dejaron de llamarse aztecas
Al asentarse en su nueva ciudad, ese grupo abandonó su identidad de origen y pasó a llamarse mexicas, término náhuatl que significa “los de México”. Los españoles que llegaron siglos después los llamaban precisamente así. Crónicas ampliamente citadas de la época virreinal, como la de Bernal Díaz del Castillo, nunca usan el gentilicio “azteca”.
Fue recién en el siglo XVIII cuando historiadores anglosajones como William Robertson y William H. Prescott popularizaron ese término para distinguirlos de los mexicanos en general. Con el tiempo, la denominación fue adoptada por historiadores hispanohablantes hasta permear en el imaginario colectivo.
Hablar del “imperio azteca” es históricamente incorrecto: fueron los mexicas quienes lo fundaron y expandieron. El icónico Estadio Azteca y el apodo de la selección nacional son ejemplos de cuán arraigada está esa imprecisión.
“Llamarlos aztecas no es inexacto, pero niega el hecho de que ellos abandonaron esa identidad de manera deliberada”, explica Federico Navarrete, historiador de la UNAM especialista en historia prehispánica.
Además, Aztlán no era hogar exclusivo de los mexicas. Chalcas, tepanecas, tlaxcaltecas y xochimilcas, entre otros pueblos, también migraron desde allí. “Aztecas eran todos los que vivían en Aztlán. Los mexicas eran parte de ese conjunto, pero había muchos más”, aclara Navarrete.
El símbolo del águila que luce la bandera tiene, además, una dimensión política que pocos conocen. Según el historiador, esa imagen adoptada tras la independencia reivindica solo a los mexicas y silencia a la mayoría de los pueblos indígenas que estaban sometidos por ese imperio. El emblema nacional, en ese sentido, celebra al grupo dominante y olvida a todos los demás.









