«El país está preparado para la semana laboral de cinco días. Sin duda, es algo que debería extenderse por toda la industria. […] Es hora de erradicar la idea de que el tiempo libre de los trabajadores es ‘tiempo perdido’ o un privilegio de clase».
Estas palabras formaron parte de un discurso pronunciado hace 100 años, el 1 de mayo de 1926. No las dijo un obrero, un líder sindical, un militante socialista ni un político laboral.
La declaración la hizo uno de los mayores magnates de la historia de la humanidad, el ingeniero mecánico y empresario Henry Ford (1863-1947), fundador de la Ford Motor Company, considerado un pionero del formato industrial conocido como cadena de montaje.
A partir de esa fecha, el horario de trabajo de 5×2 se convertiría en la práctica habitual en todo su gigantesco complejo fabril, con 40 horas de trabajo semanales.
La idea de extender el fin de semana laboral superó, en beneficio del proletariado, lo establecido en 1919 por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y que se había convertido en norma internacional por convención: el máximo habitual era de 48 horas semanales.
La decisión no se tomó de la noche a la mañana. Ford ya había estado probando el nuevo formato en algunos departamentos.
En un artículo publicado en The New York Times en marzo de 1922, el hijo de Henry Ford, Edsel Bryant Ford (1893-1943), quien dirigía la compañía desde 1919, escribió que «toda persona necesita más de un día a la semana para descansar y recrearse».
En el texto, argumentó que «Ford siempre ha buscado promover una vida familiar ideal para sus empleados» y afirmó creer que «para vivir bien, todo ser humano debería tener más tiempo para pasar con su familia».








