También puede deberse a la saturación mental, porque cuando llevamos todo el día tomando decisiones o sosteniendo otros problemas, elegir qué hacemos con esa camiseta deja de ser nuestra prioridad
ay una escena que se repite en miles de casas cada día. Llegas a la habitación, miras esa silla que originalmente estaba pensada para sentarse y descubres que ha desaparecido bajo una montaña de camisetas, vaqueros, sudaderas y prendas «que todavía pueden aguantar un día más». Y aunque muchas personas interpretan este hábito como una señal de desorden, dejadez o falta de organización, la psicología tiene una explicación bastante diferente. Porque, en la mayoría de los casos, no se trata de pereza ni de falta de interés por el orden.Así lo asegura la psicóloga Sara Navarrete, quien explica que esa famosa silla llena de ropa puede ser el reflejo de que nuestra mente está saturada. Y es que, después de un día lleno de decisiones, responsabilidades, mensajes, tareas pendientes y preocupaciones, nuestro cerebro empieza a ahorrar energía en todo aquello que considera secundario. Y guardar una camiseta deja de ser una prioridad.
Todos conocemos «esa silla». La tenemos en nuestro dormitorio, en la de nuestros hijos o la hemos visto en casa de nuestras amigas, parejas o la de nuestros padres. Es el lugar donde acaba la ropa que no está lo suficientemente sucia para ir a la lavadora, pero tampoco tan limpia como para volver directamente al armario.
En este sentido, Sara Navarrete explica que ese mueble se convierte en una especie de espacio intermedio entre el orden y el desorden. «La mayoría de las veces no es pereza ni dejadez. Es una decisión aplazada«. La persona mira esa prenda y piensa: «todavía no está lo suficientemente sucia para lavar, pero tampoco tan limpia como para volver al armario». Y esa indecisión acaba creando el famoso montón de ropa.
Y esto puede ser debido a la saturación mental, porque cuando llevamos horas tomando decisiones, resolviendo problemas y gestionando responsabilidades. Entonces, incluso algo tan simple como decidir qué hacer con una camiseta puede convertirse en una tarea que preferimos dejar para más tarde. La psicóloga explica que muchas veces refleja nuestra forma de organizarnos en la vida. En concreto, la tendencia a priorizar lo urgente frente a lo importante. Dicho de otra forma, algunas de las personas que dejan la ropa acumulada en la silla, suelen resolver aquello que tiene consecuencias inmediatas, pero dejan para después pequeñas tareas cotidianas que pueden esperar.
Suelen funcionar perfectamente en lo esencial. Trabajan, cumplen con sus responsabilidades, cuidan de su familia o atienden sus compromisos. Lo que ocurre es que, cuando la energía empieza a escasear, ciertas tareas pasan automáticamente al final de la lista.
De hecho, Sara Navarrete apunta que este comportamiento puede incluso reflejar una personalidad práctica. Personas que no necesitan que todo esté perfecto para sentirse bien y que prefieren dedicar sus recursos mentales a cuestiones que consideran más importantes.
Por eso, según la especialista, este hábito suele decir más sobre cómo gestionamos nuestra atención que sobre cómo gestionamos la ropa.
Ahora bien, también puede estar relacionado con el estrés. De hecho, si lo pensamos bien, hay épocas en las que la ropa empieza a acumularse, aparecen papeles por todas partes o dejamos pequeñas tareas sin terminar. Y muchas veces eso coincide con momentos de especial estrés, exceso de trabajo o sobrecarga emocional.
Porque cuando estamos estresados, el cerebro entra en modo supervivencia. Se concentra en resolver aquello que considera prioritario y reduce la energía disponible para todo lo demás. Es más, la psicóloga insiste en una idea especialmente interesante: muchas veces el desorden no es la causa del estrés, sino una consecuencia visible de él.








