El presidente Donald Trump se enfrentó al primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, a raíz de las acciones militares israelíes en Líbano que han sumido en una crisis las conversaciones entre los gobiernos de EE.UU. e Irán.
Teherán respondió a los ataques de Israel contra Líbano amenazando con suspender las conversaciones con Washington, un posible revés para los esfuerzos de Trump por desvincularse de la impopular guerra con Irán.
Un periodista le preguntó a Trump sobre una información del medio estadounidense Axios que aseguraba que, durante una llamada telefónica el lunes, el presidente le había dicho a Netanyahu que estaba «completamente loco» y lo había acusado de ingratitud.
«Lo hice», declaró Trump al podcast Pod Force One, en una entrevista emitida el miércoles. «No diría que estaba enfadado. Estaba un poco molesto por su constante conflicto constante conflicto con Líbano».
Trump está lejos de ser el único presidente estadounidense que ha tenido roces con el primer ministro israelí.
Netanyahu cuenta con un largo historial de poner a prueba la paciencia de la Casa Blanca, pero también de sobrevivir políticamente a cualquier repercusión que ello conlleve.
Este último enfrentamiento se produce en un momento en el que Trump sopesa un acuerdo que ampliaría el alto el fuego entre Estados Unidos e Irán y abriría la puerta a conversaciones sobre el futuro del programa nuclear de Teherán.
Añadió que ambos pueden «estar en desacuerdo por la mañana» y llegar a un acuerdo por la tarde.
Sin embargo, los expertos advirtieron que la llamada podría ser un indicio de una cierta frustración en la Casa Blanca respecto a la alineación de los objetivos militares y políticos de Estados Unidos e Israel, a casi 100 días de que ambos países lanzaran ataques contra objetivos en Irán.
«Netanyahu tiene un largo historial de actuar a su propio ritmo, independientemente de lo que haya escuchado desde Washington», le dijo a la BBC Brett Bruen, exdiplomático y presidente de la agencia de comunicación de crisis Global Situation Room.
«Trump decidió lanzarse a la aventura junto a él y ahora está aprendiendo una lección realmente dura sobre lo que sucede cuando uno entra en guerra junto a un líder bastante volátil, cuya agenda no siempre coincide con las propias prioridades», añadió.
Otros presidentes estadounidenses se han visto frustrados por Netanyahu.
El primer ministro israelí protagonizó un sonado enfrentamiento con Bill Clinton a propósito de la implementación de los Acuerdos de Paz de Oslo de 1993.
Mantuvo una relación aún más difícil con el presidente Barack Obama, particularmente tras un discurso ante el Congreso en marzo de 2015 —centrado en la política hacia Irán— que fue programado sin el conocimiento de la Casa Blanca.
La relación de Netanyahu con Biden también pareció deteriorarse después de que acusara a Estados Unidos de retener armas y municiones; comentarios que los funcionarios de la Casa Blanca calificaron de «irritantes» y «profundamente decepcionantes».
«Ha mantenido relaciones sumamente tensas con los presidentes estadounidenses», afirmó Natan Sacks, experto en las relaciones entre Estados Unidos e Israel en el Instituto de Medio Oriente con sede en Washington.
«Es un negociador muy difícil; no solo por ser duro, sino también por ser muy desconfiado», añadió Sacks.
Trump ya había expresado anteriormente su frustración con Netanyahu y, el año pasado, profirió un exabrupto ante las cámaras y frente a los periodistas, después de que unos ataques israelíes contra Irán pusieran en peligro un frágil alto el fuego al término de la llamada «guerra de los 12 días» con Teherán.
Pero, en términos generales, su relación ha sido mayormente positiva, y Netanyahu ha descrito reiteradamente a Trump como el «mejor amigo de Israel» en la historia de Estados Unidos.
«Con Trump, él [Netanyahu] encontró a alguien dispuesto a romper los moldes en la forma en que se gestionan los asuntos de Medio Oriente», afirmó Sacks.
«Eso es algo con lo que Netanyahu se identificó muy fácilmente. Él quería cambiar las reglas del juego, así como la disposición de Estados Unidos e Israel para confrontar militarmente al eje iraní».
Sin embargo, no está claro si su reciente y aparente desacuerdo alterará esa cordial relación a largo plazo.
«Podría ser algo significativo. No sabemos si se trató de un hecho aislado o del presagio de acontecimientos de mayor envergadura», señaló Sacks.
«Yo no lo descartaría. El presidente ha cambiado de opinión respecto a muchas personas en el pasado».








