Inequidades y desafíos en el control del cáncer en América Latina y el Caribe: de las barreras sociales a la innovación en investigación.
El cáncer representa un desafío crítico de salud pública en América Latina y el Caribe (ALC). Para el año 2022, según la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC -GLOBOCAN), se estimó una incidencia anual de 1 millón 551 mil 60 nuevos casos en la región, con una mortalidad reportada de 749 mil 242 personas. A pesar de que la región alberga aproximadamente al 8.4% de la población mundial, existe una brecha significativa entre la carga de la enfermedad y los recursos destinados a su control.
Se proyecta que para el año 2030, el 75% de todas las muertes por cáncer ocurrirán en países de ingresos bajos y medios, lo que resalta la urgencia de abordar las disparidades existentes en el acceso a la atención oportuna.
La distribución de los servicios oncológicos es profundamente desigual. Mientras que el 80% de la región de ALC está urbanizada, las zonas rurales enfrentan una carencia crítica de oncólogos y centros especializados. En países como Perú, el 83.1% de la población reside en áreas urbanas y si bien, el porcentaje rural es menor, su dispersión geográfica tiene como resultado que más de 700 distritos del país presenten dificultades en la implementación de centros de diagnóstico de alta complejidad. Se deja así, a los habitantes de zonas remotas con la necesidad de viajar largas distancias para recibir cuidados básicos. Por ejemplo, en áreas rurales de la selva y sierra, los ciudadanos deben viajar hasta 3 días para llegar a un establecimiento de salud con capacidad resolutiva, lo que genera retrasos de hasta siete meses o más desde el diagnóstico hasta el inicio del tratamiento.
El nivel socioeconómico y educativo define la «brecha de acceso». Las poblaciones con bajos ingresos o seguros de salud subsidiados suelen presentar diagnósticos en etapas más avanzadas de la enfermedad. Además de los costos médicos, los pacientes deben asumir gastos de transporte, alojamiento y alimentación, lo que en muchos casos lleva a la interrupción del tratamiento. La supervivencia a cinco años para el cáncer de mama en Perú, por ejemplo, varía significativamente según el estadio clínico al momento del diagnóstico, según datos del estudio CONCORD-3, la tasa de supervivencia en estadios avanzados (III y IV) está entre 30% y 40%, mientras que en estadios tempranos (I y II) fluctúa entre 90% a 95%, lo cual refleja la importancia de un diagnóstico temprano y oportuno, que lamentablemente en países como el nuestro no se da ya que aproximadamente el 60% de los casos de cáncer de mama se diagnostican en estadios avanzados, cifra que está muy por encima de la registrada en países desarrollados.







