El Ejecutivo ve inviable aplaudir a León XIV y aprobar la prioridad nacional del PP y Vox y confía en que estos días sirvan para dimensionar las críticas a la situación política españolaEl Gobierno tenía muchas expectativas puestas en la visita a España del Papa, que llega en un momento especialmente tenso en la ya tóxica política española, y la realidad ha superado el mejor de sus escenarios. En medio de la tormenta judicial que rodea al PSOE, el Papa está mostrando con claridad en casi todas sus intervenciones, pero especialmente en la del Congreso, una apuesta fuerte por dos elementos centrales de la política de Pedro Sánchez: un discurso pro inmigración que incluye una regularización apoyada por la Iglesia y una defensa del “no a la guerra” que pronunció el presidente ante el conflicto iniciado por Donald Trump en Irán.En la bancada de la izquierda, donde ya están asumidas algunas diferencias de fondo con la Iglesia en temas como aborto y eutanasia —que no están ahora calientes en el debate político español y que están aceptados por buena parte de la derecha— se vivió con gran entusiasmo el rechazo claro del Papa a la “prioridad nacional” que están pactando en varias autonomías el PP y Vox. La frase del Pontífice era muy rotunda, y tenía hasta las dos palabras, “discriminación” y “origen nacional” que son las que más ha criticado la izquierda en estas iniciativas que Vox ha exigido apoyar al PP para pactar los gobiernos autonómicos.







