Para investigar qué tiene de inusual, los investigadores tomaron muestras musculares de montañistas a 5.300 metros de altura y los compararon con muestras tomadas de sherpas.
Las muestras bioquímicas revelaron que el tejido muscular de los sherpas podía utilizar mejor el oxígeno limitando la cantidad de grasa que quemaba y maximizando el consumo de glucosa.
«La grasa es un gran combustible, pero el problema es que necesita más oxígeno que glucosa», señaló Murray.
En otras palabras, al preferir quemar azúcares en vez de grasa, el cuerpo de los sherpas puede obtener más calorías por unidad de oxígeno respirado.








