Los investigadores identificaron bacterias, hongos y levaduras tanto en su interior como en la superficie de la momia.

Descubierto en 1991 en un glaciar entre Italia y Austria, Ötzi se ha convertido en un caso único gracias a su excepcional estado de conservación. Durante milenios, permaneció congelado en condiciones de frío extremo, baja humedad y escasez de oxígeno, lo que ralentizó drásticamente el proceso de descomposición. Sin embargo, estas condiciones no detuvieron por completo la actividad biológica.








